Para saber mirar hay que aprender a apreciar pero antes que nada se deben abrir los ojos.
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lunes, abril 30, 2012

Colores para una vida sin nacer

Voy a pintar con retazos de colores el mundo que siempre imaginaste, ese mundo en el que siempre quisiste vivir.
Colores vivos, los más brillantes, es lo que mereces. Dejaré en este mundo de grises un espacio de alegría, color en movimiento, vivo. Eso te mereces, eres mi hija, mi más preciado tesoro. Aún no estas conmigo, ya lo estarás, lo prometo y podrás entonces ver el hermoso mundo que he creado para ti.
Brillaras más que el sol, más que los colores que ahora mismo estoy pintando para ti. No se nada de ti, pero estoy segura de que te encantará.
He puesto todo el amor que queda en mí, en este cuerpo desgastado por la tristeza en estos colores brillantes. Aunque a mi alma negra la dañe ver tanta alegría y color se que a ti no te sucederá lo mismo.
Lamentaré no estar a tu lado, te daré mi vida para que la disfrutes y me mantendré cerca, guardada mi alma en esta pintura.
Siempre que la mires, quiero que tu alegría se eleve diez puntos, que tus ojos se iluminen, que tu sonrisa no desaparezca.
Los pocos colores que le quedan a mi alma maltrecha son tuyos, hermosa, siempre lo serán...


Bueno... espero que les haya gustado... Es algo que se me ocurrió mientras pintaba. El problema es que siempre intento pintar con colores vivos y alegres pero cuando los miro se ven tan pálidos... Nunca sabré por qué... Bueno me fui de tema, espero les haya gustado...

viernes, abril 13, 2012

Lara II

Espero que esta continuación sea tan buena como el original. Tengo simplemente una idea y con eso intentaré hacer todo un cuento... 
Algunos poco a poco nos vamos desgastando, acabando con nuestros sueños, con intención o sin ella.
 Llovía, las frías y gruesas gotas golpeaban el asfalto en un vano intento de humedecerlo aun más, como si sus verdaderas intenciones fueran romperlo y desgarrarlo. No era un clima muy bueno para conducir por las carreteras y autopistas y aún así un coche se deslizaba a velocidades demasiado cercanas al límite.
Su conductora, una muchacha sin licencia y bastante borracha miraba sin ver el desolado paisaje que se abría frente a ella. Grices, luces blancas que eran apenas detellos ante su velocidad.
- Las luces pasan, y rápido, la oscuridad prevalece por siempre... - murmuraba mientras sus ojos vagaban rin rumbo ni consiencia.
Miró a un lado, al asiento del copiloto donde la botella yacía a medio vaciar. Muchas otras se mantenían en pie en el suelo del auto, una mitad totalmente vacía y la otra llena, esperando ser ingerida.
- Y pensar que soy igual que todos esos que se tapan el dolor contigo... Para peor no eres ni la mitad de buen copiloto que él...
Su rostro ya no mostraba aquella soltura, aquella sensación de "pez en el agua", su rostro estaba simplemente cargado con la tristeza y con el sopor de la embriaguez.
Lo había dejado todo atrás: su familia, aunque no era la mejor familia ni los quería siempre habían formado parte de su entorno; su ciudad, donde había pasado el último año y algunos meses y había conocido las cosas que terminó amando; de su novio, bueno ahora ex. Había desaparecido sin dejar rastro, le había robado, le había mentido. Todo lo que tenía ahora era de él, el auto, el dinero, el alcohol, las drogas, todo era de él antes que de ella.
Golpeo el volante con fuerza usando su puño cerrado. El dolor físico se extendió por su antebrazo y soltó una maldición. No lo decía solo por su puño sino por todo lo demás. La había cagado, la había cagado de verdad, ya no había vuelta atrás.
- Eres un demonio Lara, no jueges a ser un ángel. Siemrpe has arruinado todo lo estable o bueno en tu vida. ¡IDIOTA! - gritó la última palabra con todo el aire de sus pulmones auto-insultandose.
Apoyó su cabeza contra el asiento y cerró los ojos. No podía seguir así, ¿qué estaba haciendo? su vida, su corazón, su alma, siempre los destruía. ¿No sería la hora de cambiar eso?
Sus ojos cerrados notaron la luz. No tuvo la oportunidad de abrirlos y verla por ultima vez...

Su conciencia vagaba, no había color, no había calor y tampoco frío. Ella era ella, sin cuerpo, sin restricciones y sin compañía. La soledad absoluta la rodeaba. La tranquilizaba y en cierto punto la hacía feliz, no podía lastimar a nadie, ni siquiera a ella misma poruqe allí no había nada, su vida no era algo relevante así que no importaba si la destruía o la mantenía de la mejor manera posible, ya no la dañaba.
No pensaba en nada, solo sentía, sentía lo que quería y lo que le hacía bien. No sentía su cuerpo pero si aún estaba vivo tenía la certeza de que su respiración sería pausada y en su rostro habría un leve asomo de sonrisa.
Estaba tan cómoda, placidamente albergada por aquella oscuridad sin color ni temperatura. Extrañamente sí había sonido. Una suave música, clásica, una de sus canciones favoritas de el género. No había prisa, tampoco había lentitud, no había ansia ni sentimiento algún de ningun tipo.
Ella era ella sin serlo ni pretenderlo. Exsistía sin ser, era nada y todo a la vez. Se mezclaba con la oscuridad a su alrededor y a su vez era completamente distinta.

La calma embarga todo su ser, su conciencia se pierde cada vez más lejana.....

lunes, febrero 27, 2012

Lara


Otra vez. Otra vez la casa inundada de gritos. ¿Esperanza? No queda, ya no van a parar, le agarraron el gusto, no lo van a olvidar. Van en aumento, más fuerte, más fuerte... ya empezaron, se unieron los golpes a la música desesperada. Tenía que huir, alejarse de esa casa, esa llena voces a demasiado volumen y cuerpos maltratados.
Se levantó de la cama y bajó las escaleras. La cocina... quería el vodka pero había que atravesar la batalla campal. Entró a la cocina, pasó por detrás de su madre, una pequeña puerta, la botella, salir. Ni siquiera se habían dado cuenta de su presencia, a ella no le importó. Eso le había facilitado muchas cosas durante mucho tiempo.
Abrió la botella y comenzó a tomar mientras bajaba por la calle mal iluminada en que se encontraba su casa. Hablaba por teléfono, por supuesto, con su mejor amigo y ocasional amante. Colgó y recordó a sus padres. Sus peleas eran cada vez peores, hacia unos minutos que habían comenzado a discutir, su madre tenía ya el labio partido y a su padre le quedaría el ojo morado por un buen tiempo. Quien sabe que otras heridas tendrían mañana a la mañana.
Ya tenía media botella en su organismo y se había cruzado con varios traficantes y prostitutas cuando su amigo apareció.
- Te tardaste - dijo con una sonrisa, diablos, de verdad quería a ese chico. Tal vez se estuviera enamorando... No, por supuesto que no, ella no se enamoraba.
Subió al auto en el asiento de conductor y su amigo fue hacia el de acompañante.
- Lara eres muy exigente, ¿eres consciente del camino que tengo que hacer para llegar hasta aquí? Te mereces un lugar mejor para vivir.
- Ricky cariño, callate ¿quieres? Esa distancia puede ponerse en menos de cinco minutos.
- Claro, si sobrepaso el límite de velocidad y manejo como tú no habría problema.
Rieron, siempre estaban distendidos sin preocuparse demasiado por nada.
Lara era bonita, de estatura promedio. Con el cabello castaño-pelirrojo lacio recogido en una coleta alta dejando mechones cortos al lado de su rostro y el flequillo que casi tapaba uno de sus hermosos ojos. Siempre vestía ropa ajustada, elástica y oscura que le permitiera libertad de movimientos. Tenía una cicatriz en su labio inferior de casi dos centímetros de longitud. Se lo había cortado en una "pelea de gatas". Su piel estaba uniformemente bronceada y era fría y suave al tacto.
Ricky era alto, de músculos marcados pero no musculoso. Tenía el cabello negro con algunos rulos y bien cuidado. Su ropa era cara e informal, camisetas, pantalones ajustados y zapatos deportivos estilo skater. Su piel clara pero no pálida era siempre cálida.
- ¿Hoy quieres correr?
- Si te parece bien que corra con media botella de vodka encima entonces lo haré - contestó ella ofreciéndole la botella. Él la aceptó y comenzó a tomar.
- ¿Crees que podrías ganar sin matarte ni meterte en algún lío?
- Es relativo.
- Creo que mejor rompemos las reglas juntos. Acelera este bebé y tengamos una fiesta privada.
Ella río un rato mientras aceleraba y doblaba las esquinas con bruscos frenazos.
- Tú sabes más que yo en eso de las fiestas privadas.
Y así, ella tuvo esa noche una escapada de la realidad. Hacía años que se había vuelto adicta a la velocidad. Antes, robando el auto de su padre, pero no llegaba tan alto en el velocímetro como el auto de Ricky. Un auto caro y tuneado. La otra cosa que le garantizaba irse del mundo que la rodeaba era el sexo.
Para eso había tenido a otros de sus amigos antes de conocer al chico que la acompañaba casi todas las noches desde que se conocieron.
Hoy no tenían ganas de eso así que simplemente se quedaron semi-desnudos en el asiento de atrás, con la respiración agitada y la piel lo más cerca del otro como era posible.
- Lara... - comenzó él con la mirada perdida mientras acariciaba su cabello con suavidad.
Ella se acomodó sobre él, una mano sobre su pecho, la otra encima por encima y el mentón como cúspide. Lo miraba curiosa y feliz. Él concentró al fin su mirada en ella.
- No me mires así - dijo sonriendo. - Me distraes.
A modo de respuesta ella inclinó un poco su cabeza y luego volvió a su posición anterior.
- Lara ¿qué sientes por mi?
- Te quiero, eres mi amigo, te aprecio como tal, - dudó un segundo - tal vez un poco más que al resto - se alzó de hombros.
Había mostrado una apariencia tranquila pero la felicidad en sus ojos había desaparecido, solo quedaba la curiosidad. No le gustaba el tema, ella misma se estaba cuestionando sus sentimientos hacía él y había forzado su voz para parecer sincera y despreocupada. Al escucharse se había sentido mucho más segura pero aún no era suficiente.
- P-pero ¿tú no me amas ni nada?
- No, yo no puedo amar a hombre sobre la Tierra, lo sabes.
Él suspiró con fuerza, sintiendo el calor de su cuerpo pegado al suyo, la suavidad de su cabello en la yema de los dedos.
- Lo se, tu solo amas la velocidad y la libertad, siempre ha sido así.
- ¿Tú me amas?
- No se para qué responder a esa pregunta, nunca he saciado tu curiosidad con palabra y no voy a empezar ahora. Si te digo que sí me arriesgo a que nuestra relación cambie, si te digo que no me arriesgo a romper tu corazón de alguna rebuscada manera que solo puede ser comprendida por una mujer, lo que conllevaría a que nuestra relación también cambie. ¿Para qué querría contestar? ya sea la verdad o la mentira.
Ella se quedó pensativa, había comprendido, no en sus palabras sino en sus ojos que no habría otra chica como ella misma en el corazón de ese chico. Lo abrazó apoyando su cabeza en el fuerte pecho y escuchó su corazón que se iba tranquilizando poco a poco ya casi normalizado.
Ya estaba sumida en la bruma que viene antes del sueño. Pensaba, pensaba tanto en como se sentía. Los ojos de Ricky habían tocado una zona de su corazón que nadie más había alcanzado. ¿Era eso que sentía amor por él? Si lo era ¿sería capaz de aceptarlo y decírselo?
Presionó aún más fuerte su abrazo e inspiró con fuerza.
- Sí - dijo.
- ¿Sí qué?
- Err... que sí, sí te amo... - dijo ella en una exalación.
- Yo también - dijo él, ambos sonrieron y ella perdió contra el sueño quedando en un profundo trance abrigada por el cuerpo de él.


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